Los budas griegos


Budas del valle de Bamiyan Afganistán

Panorámica del Valle de Bamiyan en donde se erguían los budas gigantes destruidos por el fanatismo talibán. Se puede apreciar el vacío dejado por las estatuas en una de las cavidades de las montañas. Afganistán.

El estudio vasco de arquitectura AV62 ha ganado el concurso internacional propuesto por las autoridades de Afganistán para la construcción del nuevo Museo Nacional, que debe sustituir al vetusto y castigado edificio de 1922 construido por iniciativa del rey Amanulá Khan (1892 – 1960). Más allá de lo positivo de esta aparente normalización, lo cierto es que el país asiático sigue sumido en una eterna guerra que en si misma se ha convertido en la infernal cotidianidad para millones de personas abocadas al sufrimiento constante. Consecuentemente a esto, el legado cultural afgano ha sufrido multitud de avatares, la mayoría de ellos desafortunados, que han hecho que su conservación se pueda considerar casi como milagrosa. Por poner en un ejemplo, en 1988, tras la evacuación soviética y el incontenible avance talibán, el presidente Mohammed Najbulá (1947 – 1996) decidió encargar a los conservadores del museo que sacasen las piezas más valiosas y representativas del mismo para guardarlas en las cámaras de seguridad del Banco Central, en una caja fuerte que solamente se podía abrir con siete llaves distintas confiadas a diferentes personajes que no se conocían entre si.  Ya que muchos de estos custodios eran anónimos, durante el gobierno talibán la labor de encontrar las llaves se hizo harto complicada y en los casos en los que lograban dar con alguno de los guardianes, las amenazas y presiones resultaron infructuosas. Solamente tras la aparente derrota del régimen teocrático en 2001 y la ascensión a la presidencia del corrupto Hamid Karzai (1957), se lograron reunir las siete llaves y se procedió a recuperar los tesoros de la nación afgana que durante más de diez años habían permanecido en las profundidades de Kabul.

Gran parte de las colecciones del Museo pertenecen a las épocas pre-islámicas y por lo tanto si hubiesen sido encontradas por los talibanes hubiesen corrido la misma suerte que los dinamitados budas gigantes de Bamiyan. Todo arte antropomórfico o vinculado a religiones como el budismo estaba vetado en el purgado universo ideado por la paranoica mente talibán. Sin embargo, si por algo es importante Afganistán para el devenir cultural de Asia y de la Humanidad en general, es por su naturaleza mestiza, consecuencia de su posición geográfica excepcional como cruce de caminos entre Oriente Medio, la India y los pasos del Himalaya que conducían a Asia Central y finalmente a China. Una cuestión verdaderamente interesante que surge del nuevo proyecto museográfico es la orientación “nacional” que las autoridades culturales afganas darán al mismo, algo que aun no está excesivamente definido, ya que no hay que olvidar que actualmente Afganistán es una republica islámica, en la que la sharia constituye una fuente de derecho, sin olvidar las extensas regiones controladas por los talibán en las que se aplica el rigorismo en su máxima expresión. ¿Se tendrá verdaderamente en cuenta el pasado pre-musulmán del país? o ¿se tratará de construir una identidad netamente islámica con unos prolegómenos someros sobre la historia anterior? No es una cuestión insignificante ya que el discurso narrativo adoptado por el nuevo museo, cuyo diseño por razones de seguridad lo convierte en un espacio aislado por un muro, similar al de las mezquitas locales, en buena medida determinará una hipotética construcción identitaria afgana. No obstante, según apunta Thomas Barfield, la complejidad de Afganistán es tan grande que mas que un pais o estado-nación coherente mas bien es representa una suma de regiones; pese al esfuerzo de diferentes gobiernos centrales cuyas iniciativas han tenido escaso éxito más allá del área circundante a la capital: Kabul.

Parte de ese pasado pre-islámico es lo que trataremos, un tanto superficialmente, en este post ya que las montañas y llanuras de Afganistán, hace poco más de dos mil años, fueron el escenario de uno de los entrecruzamientos culturales más interesantes que dio el mundo antiguo. El encuentro entre la civilización helenística y la indostánica budista dio lugar a un reino del que no se conserva demasiada información textual (aunque si hay bastante vestigios arqueológicos) pero que resulta verdaderamente sugestivo y estimula deliciosamente la imaginación y el afán de conocimiento. El nombre que se le ha dado comúnmente es el de Bactria, aunque para ser más exactos esta denominación correspondería al estadio previo a la expansión hacia el valle del Indo; aunque, sin duda, lo mejor será trazar un pequeño contexto histórico para situarnos mejor.

Ares Ludovisi y Alejandro Magno Lisipo

Ares Ludovisi, copia romana del original de Lisipo (320 a.C.) Posiblemente esta estatua helenista resume mucho mejor las gestas de Alejandro que sus propios retratos. Museo Nazionale Romano. Roma

Debemos retrotraernos hasta la época de Alejandro Magno (356 – 323 a.C.) (aunque debe decirse que en otras tradiciones no occidentales no es considerado tan magno) cuando la civilización helenística acompañando a las victoriosas falanges macedónicas se expandió hasta los confines de la India. Grecia, Anatolia, Oriente Medio, Egipto y Persia fueron absorbidos por el ímpetu conquistador de Alejandro cuyo imperio fraguaría una inmortal leyenda que súbitamente se frustró en 323 a.C. con el fenecimiento de su excepcional fundador. El gran imperio macedonio quedó dividido entre los diversos diadocos de Alejandro algunos de ellos generales relevante de su ejército como Seleuco Nicátor (358 – 281 a.C.) , cuyo nombre bautizaría al imperio Seleucida que se extendía desde las costas de Siria hasta las estribaciones del Himalaya, ocupando prácticamente todo el antiguo imperio aqueménida del shah Dario III (380 – 330 a.C.). Era un espacio vasto, complejo y sumamente heterogéneo en cuanto a sus poblaciones y tradiciones, aunque para revertir esta situación se trató de establecer un sustrato básico de civilización helenística que debía de articular la nueva unidad seleucida. Sin embargo algunos de los sucesores de Seleuco no fueron lo suficientemente hábiles como para mantener unido este monstruo territorial de tal forma que en las periferias muchos gobernantes locales se independizaron. Uno de ellos seria Diodoto I (¿240 a.C.?), el fundador del reino de Bactria, en los confines orientales de los antiguos dominios de Alejandro Magno.

La Bactria englobaba tierras que actualmente están divididas entre Afganistán, Tayikistán y Pakistán, pero que en su momento constituyeron una unidad que se articuló alrededor de diferentes ciudades de matriz helenista fundadas en tiempos de Alejandro: Alejandría del Oxo (actual Ai-Khanoum, Afganistán), Alejandría del Cáucaso (actual Bagram, en pleno Hindu Kush o como era conocido antiguamente Caucasus Indicus) y Bactra (la moderna Balkh, Afganistán), de cuyo topónimo deriva el nombre del reino. En estos centros urbanos, según han demostrado diversas excavaciones arqueológicas (principalmente francesas y soviéticas) había numerosos ejemplos definitorios del mundo griego como eran los gimnasios, los teatros o los templos en los que se adoraban a las divinidades olímpicas transmutadas con elementos zoroástricos persas y budistas. El pensamiento filosófico griego también llegó hasta estas urbes del corazón de Asia y un magnifico testimonio de ello lo encontramos en una estela funeraria dedicada a un tal Cineas encontrada en Ai-Khanoum en la que se hallaban esculpidos los preceptos délficos para una vida virtuosa y recta:

De niños aprended buenos modales,

de jóvenes, aprended a controlar las pasiones.

En la madurez, sed justos

en la vejez, dad buenos consejos,

y morid después sin resentimientos.

El hallazgo de esta inscripción en un lugar tan alejado del corazón del mundo griego representa todo un acontecimiento que contribuye a generar nuevas perspectivas sobre la circulación de idas en tiempos pretéritos. El establecimiento de una élite de origen europeo contribuyó a crear una cultura híbrida que según avanzaban los siglos progresivamente se fue impregnando cada vez más de elementos orientales, particularmente asociados al budismo indio pues gobernantes bactrianos como Demetrio I (200 – 180 a.C.) se embarcaron en exitosas empresas de conquista más allá del valle del Indo aprovechando la debilidad de los gobernantes maurya de la India septentrional. Por lo tanto el centro del poder político, cultural y religioso, progresivamente, se fue trasladando desde la Bactria primigenia hacia el este alcanzado el valle del Ganges, configurando lo que se ha denominado como el reino indo-griego que alcanzaría su plenitud durante el reinado de Menandro I Soter (165 – 130 a.C.), quien según señalan diversas fuentes se convirtió al budismo.

Budismo de los reyes indo-griegos

En esta moneda bactriana del siglo I a.C. observamos como la diosa griega Tyche está haciendo el gesto budista del mudra. En el otro brazo sostiene una cornucopia símbolo de la abundancia.

La conversión del rey Menandro o Milinda, en idioma pali (la lengua común que por entonces era mayoritaria en el norte del indostán en contraposición al sanscrito reservado a las ceremonias brahmánicas), constituye un episodio confuso y casi mítico dentro del imaginario de lo que se ha conocido como el “espejismo de la Bactria” pero según ciertos textos escritos del canon pali (conjunto doctrinal del budismo primigenio) el hecho pudo haber sido real. Según se recoge en el Milinda Paha (Las preguntas de Menandro) el rey bactriano adoptó el budismo tras una serie de debates y diálogos, siguiendo la tradición filosófica platónica, con el monje Nāgasena (¿150 a.C.?) quien había acudido a la corte atraído por el gran prestigio y sabiduría que atribuían al rey de los yonas (término pali que alude a los griegos, posiblemente derivado de ionios o jonios). Según el mismo texto, tras aceptar el budismo como su fe, el rey decidió abdicar y retirarse del mundo para abrazar la meditación y alcanzar el Nirvana. No obstante, aunque se desconoce si la conversión verdaderamente se realizó lo que sí parece cierto es que según las evidencias numismáticas conservadas, Menandro, murió reinando, por lo que podríamos encontrarnos ante un texto de carácter ejemplarizante y no estrictamente histórico. Lo que si podemos observar tomando como referencia el Melinda Paha, es que un rey educado en una corte helenista (donde el griego era la lengua corriente) adopta una fe india, siguiendo un modelo filosófico clásico, recogido por un monje budista cuyo texto se convertiría en canónico para una rama de esta religión, la Theravāda. Realmente constituye un hecho excepcional y tremendamente significativo a la hora de estudiar las diferentes estrategias de aculturación que se pueden producir en contextos de mestizaje. Un buen ejemplo de esto lo constituyen, también, las monedas halladas en diferentes excavaciones del Punjab y Gandhara. En estas piezas, los sucesores de Menandro ordenador representarse a si mismos o a deidades griegas como Atenea o Zeus haciendo el mudra, gesto que en la tradición budista significa la activación de la rueda del Dharma y la transmisión del conocimiento.

Aunque es posible que el rey Menandro se convirtiese al budismo resulta curioso que ni el mismo ni sus sucesores representaran a Buda en ninguna de las monedas acuñadas durante sus reinados, recurriendo, como se ha visto anteriormente a las antiguas deidades olímpicas. Esto podría significar dos cosas: por un lado que en este aspecto se respetase la tradición anicónica del budismo primigenio, o por otro lado que las personas de sustrato cultural griego tomasen a Buda como un sabio cuya doctrina se debía imitar más que como un ser divino.

Lo cierto es que, regresando de nuevo a Afganistán, aunque Menandro y sus antecesores eran producto de una cultura helenística, la mayor parte de la población sobre la que gobernaron estaban culturalmente vinculada a las culturas indias, entre las cuales por entonces predominaba la budista. Especialmente, en la región de Gandhara (término del que, según parece, se podría derivar el nombre de la ciudad de Kandahar, la gran capital talibán de Afganistán) y en ciudades como Taxila existía una importante tradición budista que se expresaba, no en pali o en griego, si no en una lengua propia el kharosthi. Como ya se ha apuntado, esta zona era geográficamente muy estratégica y en gran medida se convirtió en la ruta de expansión oriental que utilizaron los misioneros budistas para extender su fe. Por lo tanto, hasta la conversión de Menandro I la Bactria era un reino en el que podíamos encontrar una elite cultural y política de cultura helénica y una población autóctona budista y de tradición indostánica. Pero tras la adopción del budismo por parte del soberano indogriego estas dos tradiciones diferentes comienzan a materializarse en un mestizaje de las estructuras mentales, pero también de la cultura material producida en la región. Precisamente será Gandhara la zona donde con mayor intensidad se produzca la síntesis de lo que algunos expertos han denominado como grecobudismo, una mezcla que contra todo pronóstico ha definido decisivamente muchos de los estereotipos que se han asociado al budismo indio.

Buda helenista ejemplo de grecobudismo

Estatua de Buda de inspiración helenista procedente de la región de Gandhara. Siglo I a.C. Museo Nacional de Tokio. Japón

Aunque son cuestiones ampliamente discutidas y debatidas, parece que en los últimos tiempos se ha ido imponiendo un cierto consenso que apunta a que las primeras representaciones antropomorfas de Buda estarían relacionadas con la influencia del humanismo helenista. Efectivamente, antes de la llegada de los griegos, Buda siguiendo la doctrina tradicional Theravāda, se representaba mediante elementos anicónicos como el árbol Bodi, el parasol, la huella o la rueda del Dharma, ya que según los textos canónico,s Sakyamuni dijo que tras la extinción de su cuerpo no era recomendable representarlo. Contra esta tradición algunos artistas griegos recurrieron a su bagaje propio, en el que la representación del cuerpo y la humanización de las deidades constituían principios fundamentales en su cosmovisión. Las primeras representación escultóricas de Buda, por lo tanto, podrían ser de factura griega como demuestran detalles como el tratamiento anatómico del rostro, la ejecución de los ropajes (que se asemejan con el típico himatión griego) y la constante utilización del contrapposto en la disposición escultórica. Numerosas esculturas excavadas en diversos yacimientos de la antigua región de Gandhara revelan estas características, las cuales también eran patentes en los dos budas destruidos en Bamiyan. El naturalismo griego, según el Dalai Lama, Tenzin Gyatso (1935),contribuyó de forma muy efectiva a transmitir la posibilidad real de alcanzar el estado de liberación y extinción que la doctrina budista perseguía obtener ya que aparecían como ejemplos factibles de la iluminación.

Tampoco hay que despreciar la posible influencia griega en el proceso de renovación que el budismo experimentó durante el siglo I d.C. y que daría lugar a la doctrina Mahāyanā, que sería la que se extendería por Asia Central, China, Corea y Japón en siglos sucesivos. Como ya se ha comentado, posiblemente la mayor aportación en este sentido fue la humanización del Buda al presentarlo como una figura antropomórfica aunque de rasgos hieráticos. La constitución de un nuevo panteón de budas bodhisattvas (grandes espíritus cuyo objetivo es ayudar a que todo el mundo alcance la iluminación (siendo el más destacado Avalokitesvara de quien el Dalai Lama es la encarnación terrenal) se puede asociar a los cultos olímpicos (de hecho el dios Heracles servirá como modelo para Vajrapani, protector del Buda), aunque también a los extensos panteones hindúes. Algunos expertos, cómo Thomas McEvilley (1939), van un poco más allá y aprecian ciertas confluencias conceptuales entre tradiciones filosóficas griegas, como la de los cínicos, y el budismo, así como la influencia de la dialéctica que se puede apreciar en la obra de Nāgārjuna (¿150 – 250?), el gran reformador del budismo Mahāyanā.

Buda protegido por Vajrapani-Heracles

Este relieve muestra a Buda escoltado por Vajrapani, su protector, quien curiosamente porta el atributo distintivo de Heracles: la maza. Museo Británico. Londres.

Lo cierto es que resulta muy complicado estudiar muchos de estos aspectos que en si mismos definieron lo que fue el reino indo-bactriano, indo-griego o greco-bactriano, sirva esta disparidad conceptual como muestra de lo indefinido de esta realidad. El estudio de este periodo fascinante se torna aun más difícil ante la escasez de testimonios; más allá de la existencia de algunos yacimientos arqueológicos y de algunas fuentes indias y grecorromanas que aluden a esta cuestión. Sin embargo el legado griego en el Indostán, aunque muy difuminado por el paso del tiempo y la concatenación de diversas culturas y civilizaciones se puede apreciar en los restos de sus ciudades, en la arquitectura (especialmente apreciable en la evolución constructiva de las estupas) en algunas palabras que pasaron al sanscrito y al pali (paradójicamente relacionadas con la guerra o la escritura lo que no puede hacer más que recordar el célebre discurso de Don Quijote sobre las armas y las letras) y también en pueblos afganos cuyos orgullosos habitantes se siguen considerando como hijos de Alejandro.

Gran parte del legado de esta civilización mestiza se está disperso entre varios países, pero lo sustancial de la misma se encuentra fundamentalmente en Afganistán. La construcción de un nuevo museo moderno y especialmente acondicionado para salvaguardar este invalorable patrimonio representa una excelente noticia, sobre todo tras los saqueos, expolios y destrucciones que la cultura afgana lleva sufriendo desde hace más de treinta años. Pese a ello, no soy demasiado optimista con respecto al futuro que les pueda deparar a las colecciones pre-islámicas dado el contexto actual del país. Por un lado la ineptitud de una élite política corrupta y anhelante de una legitimación popular puede derivar en una marginación sistemática de aquellos elementos ajenos a la tradición islámica de Afganistán. Por otro lado el integrismo rigorista talibán, que amenaza con extenderse una vez que las fuerzas de ocupación occidentales abandonen Afganistán, podría destruir gran parte de los tesoros que durante décadas personas comprometidas con el saber y la cultura (siguiendo el ejemplo de la gran tradición islámica que salvaguardó tanto conocimiento durante tantos siglos) trataron de conservar para el disfrute y estudio de las futuras generaciones. Si echamos la mirada hacia el pasado reciente, ya sea en Iraq como en Libia, Egipto o en Siria, el patrimonio cultural ha sido uno de los grandes damnificados por la situación de conflicto permanente que por desgracia se ha convertido en endémica en gran parte del mundo musulmán. Todo ello se resume en pérdidas que van más allá de las fronteras políticas, religiosas o culturales ya que afectan a elementos que son una herencia de toda la Humanidad, sin embargo parece que esto no es relevante en casi ninguna agenda política alrededor del mundo.

Nota final. Cómo seguramente habréis observado ninguna de las imágenes que he seleccionado procede del Museo Nacional de Afganistán. La explicación a esto es simple, ya que la mayoría de las piezas que actualmente se conservan en Kabul no están fotografiadas. Además resulta perentorio añadir que muchas de las obras más sublimes que se produjeron en esta zona fueron expoliadas en distintos periodos por lo que la mayoría se encuentran en museos extranjeros en Europa y Japón, principalmente.

Estatua grecobudista de un bodhisattva

Boshisattva de estilo Gandhara tardío. Se puede apreciar en el torso múltiples similitudes con la escultura helenista occidental. Siglo II o III d.C. Pakistán.

Más sobre la cuestión:

  1. Afghanistan: Hidden treasures from the National Museum. VV.AA. National Geographic, 2008
  2. Echoes of Alexander the Great: Silk  Route portraits from Gandhara. Marian Wenzel, Art Media Resources Ltd. 2000
  3. Old World Encounters. Cross-cultural contacts and exchanges in pre-modern times. Jerry H. Bentley. Oxford University Press. 1993.
  4. The Shape of Ancient Thought. Comparative studies in Greek and Indian Philosophies. Thomas McEvilley. Alworth Press and the School of Visual Arts. 2002.
  5. Afghanistan: A political and Cultural History. Thomas Barfield. Princeton University Press, 2012.
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