Patria, patrias. Himno, himnos. Rusia, Rusias (II)


La primera parte está aquí.

Stalin lider sovietico

Stalin risueño. De oca a oca…

Stalin no estaba interesado en exportar la revolución fuera de la Unión Soviética porque para él lo prioritario era acelerar la implantación del comunismo dentro de la URSS a través de la planificación central de la economía y la colectivización agraria que Lenin había interrumpido al aplicar la NEP. Para lograr los objetivos económicos fundamentales que garantizasen un desarrollo socialista de la economía el líder soviético promovió el diseño y la ejecución de planes quinquenales que en sus primeras ediciones debían centrarse en la industrialización del país.

El proceso de centralización económica se complementó con una ocupación total del poder por parte de Stalin y su camarilla de confianza, anhelo que trató de conseguir mediante la eliminación física de opositores en las diversas purgas que organizó a finales de los años 20’. El resultado de estos pseudojuicios fue dantesco: miles de ejecuciones de opositores y comunistas no estalinistas, así como la deportación de innumerables personas a campos de trabajo tipo GULAG que incrementaron la mano de obra esclava y por lo tanto la productividad en el desarrollo de los objetivos quinquenales. El internacionalismo soviético representado por Lev Trotsky (1879 – 1940), fue perseguido y condenado por contrarrevolucionario lo que acabaría conduciendo al asesinato del antiguo compañero de Lenin. Por lo tanto, dada la nueva orientación que Stalin imprimió a la URSS, la utilización de la La Internacional como símbolo del estado se hacia cada vez más inadecuada. Finalmente la decisión de cambiar de himno fue tomada, durante la II Guerra Mundial, mientras el Ejercito Rojo trataba de contener la invasión nazi de la Unión Soviética.

El nuevo himno publicado en 1944 se titularía Himno de la Unión Soviética y su composición musical recaería en Alexander Aleksandrov (1883 – 1946), mientras que la letra la escribiría Sergei Mijalkov (1913 – 2009). La nueva canción patriótica adquiría una dimensión netamente nacional, olvidando cualquier alusión al internacionalismo, lo que en cierto modo sancionaba la perspectiva que el jerarca nazi Gregor Strasser (1892 – 1934) tenía del bolchevismo como una proyección mas del nacionalismo ruso lo que posibilitaba una potencial negociación entre ambos regímenes totalitarios. El carácter nacionalista del nuevo símbolo soviético también perseguía aleccionar mejor a los soldados para que combatiesen con mayor fogosidad en una guerra que amenazaba sus hogares y familias, por lo que el principio de solidaridad de clase decaía un tanto.

¡Tenaz unión de repúblicas libres

que ha unido por siempre a la gran Rusia!

¡Larga vida al anhelo del pueblo,

unida y fuerte, la Unión Soviética!

Estribillo:

¡Gloria, patria, por tu libertad,

refugio seguro de la amistad de los pueblos.

El estandarte soviético es la bandera del pueblo,

llévanos de victoria en victoria!

II.

Tras la tempestad brilló el sol,

y el prócer Lenin alumbró la senda;

Stalin nos ha traído la fidelidad al pueblo;

¡Al trabajo y a las hazañas nos inspiró!

Estribillo

III.

Nosotros forjamos nuestro ejército en las batallas,

a los nefastos invasores barreremos del camino.

en batalla decidiremos el destino de generaciones,

¡Nosotros dirigiremos nuestra patria al triunfo!

Estribillo

Resulta evidente que el nuevo himno perseguía cohesionar al pueblo soviético entorno a una idea nacional y combativa, a través de una épica beligerante totalmente aplicable al contexto de la Gran Guerra Patria (ilustrativo nombre de la II Guerra Mundial en la URSS) y en la posterior Guerra Fría contra el bloque capitalista. Este nacionalismo soviético progresivamente iría mutando en una vieja idea zarista: la rusificación, es decir, la implantación progresiva de una hegemonía política y cultural de Rusia en los territorios que abarcaba su dominio. ¡Tenaz unión de repúblicas libres que ha unido por siempre a la gran Rusia! Ya en la década de 1930, Stalin había aprobado la represión de líderes locales en Ucrania, Crimea y Uzbekistán por fomentar, a su juicio, un nacionalismo “burgués” antisoviético, lo que había servido como excusa para rusificar el gobierno y la educación en estas naciones. Tras la II Guerra Mundial el proceso se aceleró en zonas en las que el gobierno soviético había detectado una colaboración evidente con los invasores nazis: particularmente en los países bálticos, ucrania y las republicas caucásicas. En estos casos Stalin fue realmente expeditivo y ordenó la deportación de pueblos enteros hacia Siberia y Asia Central favoreciendo la emigración rusa hacia las zonas desalojadas, con lo que la comunidad rusófona se extendió considerablemente. Tras la guerra la preponderancia de Rusia en la Unión era tan evidente que tras la victoria de 1945, en sucesivas declaraciones públicas Stalin ensalzó al pueblo ruso por encima del resto de nacionalidades soviéticas lo que elevaba a Rusia a una especia de primus inter pares dentro de la URSS. Paradójicamente Stalin era georgiano.

estatua del obrero y la koljosiana hecha por vera mujina

El obrero y la koljosiana, obra culmen del realismo socialista. Vera Mujina, 1937. Moscú

No podemos pasar por alto la presencia del culto a la personalidad que se puede detectar en el himno de 1944. Efectivamente se habla de Lenin, como fundador y guía de la URSS, Lenin alumbró la senda”, y también de Stalin “nos ha traído la fidelidad al pueblo. Al trabajo y las hazañas nos inspiró”, quien además se hallaba presente en todos los aspectos de la vida soviética. El culto a la personalidad constituye una seña distintiva del estalinismo y sus funciones sociales eran evidentes a la hora de crear vínculos psicológicos permanentes entre el gobernante y los gobernados. Stalin era considerado un hombre superior que inspiraba a la nación soviética hacia las metas más inalcanzables, se había convertido en palabras de Boris Groys (1947), en una “obra de arte total”. Él se hallaba presente en todos los lugares, incluso en los hogares en donde su retrato había sustituido a los iconos sagrados en el rincón más bello de la casa, hasta que finalmente el himno soviético lo consagro como esencia de la URSS.

El culto a la personalidad promovido por Stalin, sería denunciado tres años después de su muerte, en 1956, cuando el nuevo líder soviético Nikita Kruschev (1894 – 1971) denunció ante los delegados presentes en el XX Congreso del PCUS los crímenes cometidos por su predecesor. La desestalinización promovida por la nueva jerarquía soviética comenzó a criticar las alusiones estalinistas del himno nacional pero, aunque censurada, la versión oficial de 1944 se mantendría sin cambios hasta 1977, cuando se procede a una rescritura del himno eliminando todos los versos referentes a Stalin. El responsable de la nueva versión sería el propio Mijalkov, el autor de la letra de 1944.

¡Unión indestructible de republicas nacidas libres

que ha unido por siempre a la gran Rusia!

¡Larga vida al anhelo del pueblo,

unida y fuerte, la Unión Soviética!

Estribillo:

¡Gloria, patria, por tu libertad,

unión de pueblos en gran hermandad!.

¡Oh, partido de Lenin, fuerza del pueblo,

llévanos al triunfo del comunismo!

II.

Tras la tempestad brilló el sol,

y el prócer Lenin alumbró la senda;

alzó a los pueblos a una causa justa,

¡Al trabajo y a las hazañas nos inspiró!

Estribillo

III.

En la victoria del ideal comunista,

vemos el futuro de nuestro país.

¡Y a la bandera ondeante y escarlata,

permaneceremos leales siempre!

Estribillo

En la nueva versión se puede apreciar un tono menos belicoso y más centrado en los conceptos simbólicos de la patria: el ideal comunista, la bandera roja, la fidelidad, etc. Como ya se ha indicado, Stalin desaparece completamente y se acentúa el protagonismo de Lenin y sobre todo del PCUS como heredero de la obra del artífice de la URSS. ¡Oh, partido de Lenin, fuerza del pueblo, llévanos al triunfo del comunismo! Estos versos significan claramente la preeminencia del Partido como rector y guía del Estado, un principio que no será cuestionado hasta la implantación de las reformas que Mijaíl Gorbachov (1931) aplicó a finales de los años 80’.

La desintegración de la URSS a finales de 1991 representó el fin de una época, el fracaso de un sistema y el encumbramiento de otro, que ahora más de veinte años después comienza a colapsar arrastrándonos hacía un futuro incierto. La URSS dejó de existir oficialmente el 25 de diciembre de 1991 por lo que todos sus símbolos estatales, incluido el himno dejaron de tener una consideración especial. De acuerdo con el derecho internacional y acatando el consenso logrado entre las antiguas republicas soviéticas se consideró que Rusia debía ser el estado heredero legal de todos los derechos y obligaciones que correspondían a la URSS. La nueva Rusia independiente debió acometer de nuevo la tarea de dotarse de símbolos que justificasen y simbolizasen su nueva naturaleza de estado soberano. Días antes de la disolución, en las reuniones preparatorias para constituir, en el antiguo espacio soviético, la Comunidad de Estados Independientes, en Belovezhskaya Puscha (Bielorrusia) uno de los participantes, Piotr Kravchenko (ex ministro bielorruso), apuntó

El 8 de diciembre, siguiendo la costumbre, alguien encendió la radio a las seis de la mañana y en ese momento estaba sonando el himno nacional soviético. “Unión indestructible de republicas nacidas libres”, ese día me sonó de forma diferente, no sé muy bien como describirlo… me produjo una sensación extraña. Siempre lo había considerado un himno poderoso, alegre, emocionante, una especie de canto épico. En cambio ese día sonó como un canto de despedida al país en el que habíamos crecido. Nosotros pertenecíamos a la élite pero nos habíamos educado en la democracia soviética. Sentí nostalgia porque algo se había marchado y no regresaría jamás. 

Manifestantes en un tanque durante el golpe de estado de 1991

Manifestantes en Moscú durante el golpe de estado de 1991

Incluso antes de la desintegración del coloso socialista los independentistas rusos comenzaron a utilizar como himno La Canción Patriótica, compuesta por Mijaíl Glinka (1804 – 1857) en 1833. Evidentemente ya no había espacio para el antiguo himno soviético que cantaba la “unión indestructible de repúblicas nacidas libres”, por lo que la pieza elegida comenzó a ganar adeptos entre la clase política rusa, contando con el aliciente de que Glinka era uno de los principales compositores del nacionalismo musical ruso del XIX. Sin embargo, pese a que se logró el consenso en cuanto a la música, nunca se consiguió un acuerdo similar con respecto a la letra. Las presiones comunistas, la fragmentación política y el progresivo desgaste del nuevo presidente Boris Yeltsin (1931 – 2007) propiciaron el fracaso de todas las iniciativas destinadas a dotar de letra a La Canción Patriótica. Además, entre la población rusa el nuevo himno nacional no fue aceptado con demasiado entusiasmo ya que según pasaban los años lo asociaban con la creciente miseria que la desaparición de la URSS conllevó. El transito hacia el capitalismo salvaje se llevó a cabo con mucho sufrimiento por parte de la gente común: la inflación devoraba los ahorros, los servicios públicos mermaban continuamente, los antiguos monopolios estatales se malvendían con la connivencia de las corruptas autoridades, en Chechenia había estallado la guerra en 1994 y, finalmente, en 1998 el estado ruso quebró provocando una crisis generalizada.  Yeltsin conservó el poder hasta el año 2000, cuando dimite en favor de un desconocido Vladimir Putin (1952), un político joven, ex oficial del KGB, que tras un programa nacionalista prometió el resurgimiento de Rusia tras la década de los 90’.

Dentro del programa de regeneración del país Putin promovió la reforma de las instituciones con el fin de recuperar el prestigio exterior perdido, pero esta maniobra también tuvo una poderosa vertiente interior. En este sentido, el nuevo presidente ruso impulsó una iniciativa para cambiar el himno nacional, recuperando el antiguo himno soviético, aunque eso si, dotándolo de una nueva letra. El mandatario ruso apelaba al inconsciente de una masa de rusos desposeídos que añoraban, si no la prosperidad al menos la subsistencia que les garantizaba el antiguo imperio comunista. Además no le parecía decente que los atletas rusos no pudiesen cantar nada durante la celebración de acontecimientos deportivos (en España hemos estado así la tira de años y no ha sido un drama). No obstante existieron numerosas personalidades que declararon abiertamente (cuando aún se podía hacer en Rusia, aunque siempre con matices) lo desacertado de recuperar el himno de un antiguo estado totalitario. La postura de Putin al respecto era la siguiente “la desintegración de la URSS fue la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX”, por lo tanto continuó apoyando la restitución del himno soviético hasta que finalmente fue aprobada por la Duma el 8 de diciembre de 2000, en la misma sesión que recuperaba el escudo imperial ruso; para equilibrar supongo. De nuevo restaba por solucionar la cuestión de la letra, así que se constituyó una comisión para seleccionar el nuevo texto que debía acompañar a la música. Una vez más el afortunado resultó ser el incombustible Sergei Mijalkov quien a sus 87 años firmaba el tercer himno compuesto para su patria.

Rusia, nuestra patria sagrada,
Rusia, nuestro amado país.
Una poderosa voluntad, una gran gloria —
¡Son tu herencia por toda la eternidad!

Estribillo:

Sé gloriosa, nuestra patria libre,

La eterna unión de pueblos hermanos,

¡La sabiduría popular dada por nuestros antepasados!

¡Sé glorioso, país! ¡Estamos orgullosos de ti!

Desde los mares del sur hasta las regiones polares,
Se extienden nuestros bosques y campos.
¡Eres única en la faz! Eres inimitable —
Protegida por Dios, tierra natal.

Estribillo

Un vasto espacio para soñar y vivir,

Nos abren los años futuros.

Nos da fuerza la lealtad a la Patria.

¡Así fue, así es y así será siempre!

Estribillo

Rusia es un país fascinante, con una cultura e historia excepcionales como se ha podido comprobar a lo largo de las vicisitudes que han acompañado a sus himnos desde el siglo XIX. Sin embargo, los continuos cambios en los símbolos de un país son sinónimo de una inestabilidad estructural del mismo y un espejo de los enormes problemas históricos que arrastra. Putin dejó de ser un desconocido hace mucho y desde hace doce años ha tratado de construir una imagen del poder basada en la fuerza, la corrupción sistémica, la demagogia y el hostigamiento a cualquier forma de oposición, catapultándose en la prosperidad que el alto precio de las materias primas ha proporcionado al país durante una década. Sin embargo, una vez más Rusia camina hacia un autoritarismo cada vez más soez y descubierto. Por desgracia ese camino no lo está recorriendo sola pues está bien arropada por otros compañeros más sibilinos que tienen una extraña concepción de la ciudadanía, la política y la seguridad. Triste tiempo en el que vivimos.

el presidente de rusia vladimir putin

Putin picaruelo. … y tiro porque me toca.

Si te ha interesado, aquí más:

  1. Los Demonios. Fiodor Dostoyevski. Alianza. 2011.
  2. Obra de arte total Stalin. Boris Groys. Pre-Textos. 2008
  3. Vida y Destino. Vasili Grossman. Galaxia Gutenberg. 2007
  4. Archipielago Gulag: 1918 – 1956. Alexander Solzhenitsyn. Tusquets. 2005.
  5. El hombre sin rostro. El sorprendente ascenso de Vladimir Putin. Masha Green. Debate. 2012.
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