Naciera yo fijo de un labrador e fuera fraile del Abrojo, que no rey de Castilla


Tumba de Juan II y su esposa Isabel de Portugal en Burgos

Una joya gótica. Sepulcro de Juan II e Isabel de Portugal. Gil de Siloé Cartuja de Miraflores. Burgos

El reinado de Juan II (1406 – 1454) fue uno de los más dilatados de todo el Medievo castellano pero estuvo marcado por una gran inestabilidad política. Juan II fue uno de los numerosos niños-rey que dieron los siglos pretéritos y durante su minoría de edad el poder estuvo ejercido por su madre, Catalina de Lancaster (1373 – 1418) y sobre todo por su tío, el influyente don Fernando de Antequera (1380 – 1416) quien más tarde el mismo se convertiría en rey, pero de Aragón, implantando la dinastía Trastámara en aquellos lares.

Tras la marcha de su tío, la reina viuda y un consejo regente asumieron el control de Castilla en un periodo convulso lleno de intrigas políticas que llegaría a su término en 1419, cuando Juan II fue declarado mayor de edad. Sin embargo el joven rey no gobernaría por si mismo demasiado tiempo ya que su carácter era débil e influenciable. Muy pronto el poder volvió a ser objeto de dispuesta entra el favorito del Rey, don Álvaro de Luna (1390 – 1453) y los infantes de Aragón, los hijos de Fernando de Antequera. Don Álvaro prevaleció y se convirtió en el verdadero rector de las políticas castellanas con la aquiescencia del propio Juan II. Pero la fortuna y su mutabilidad acabaron afectando al poderoso favorito real, pues influenciado por su esposa, Isabel de Portugal (1428 – 1496), Juan II acabará por defenestrar a Álvaro de Luna ordenando su muerte, sentencia que se llevaría a cabo en Valladolid en 1453. Un año después el Rey falleció. Juan II fue sucedido por su heredero, Enrique IV (1425 – 1474), hermanastro de Isabel la Católica (1451 – 1504), quien era hija del rey y la misma Isabel de Portugal que había conspirado para poner fin a la influencia de Álvaro de Luna.

Como se puede observar el reinado de Juan II no fue sencillo y estuvo marcado por diversas sombras, que se pueden resumir en la frase que titula este post, palabras que la tradición quiere poner en labios del Rey en los momentos previos a su muerte. La Crónica de Juan II constituye una de las principales obras escritas en prosa castellana durante el siglo XV. Su valor histórico es indudable aunque hay que tomarla con las precauciones obvias que existen al tratar con textos panegíricos.

Grabado de la crónica de Juan II en el que el rey aparece en majestad

Crónica de Juan II. El rey aparece en su trono en una pose de absoluta majestuosidad. BHSC. Valladolid

En la Biblioteca Histórica de Santa Cruz, existen cuatro ediciones impresas de esta obra (con una cronología que va desde 1517 a 1779) y una edición manuscrita de comienzos del siglo XVI. En cuanto a la autoría del texto no existe un consenso evidente al respecto, ya que la Crónica de Juan II está compuesta por la suma de múltiples fragmentos, aunque se sabe con seguridad que la parte fundamental de la misma fue redactada por Alvar García de Santa María (1370 – 1460). El escrito de este cronista fue reelaborado por Fernán Pérez de Guzmán (1370 – 1460) durante la plenitud del poder de Álvaro de Luna con el fin de ensalzar al personaje, consolidando de este modo la versión que definitiva que es la que llegó a imprimirse décadas después.

En esta muestra aparece una imagen idealizada de Juan II como rey caballero, victorioso y heroico, seguro de si mismo y de su autoridad regia, algo que como se ha visto anteriormente no era demasiado exacto. Lo más interesante de este grabado xilográfico se encuentra en los laterales del dibujo principal, donde aparecen retratados los miembros de la familia real: en la parte superior izquierda aparece doña María de Aragón (1396 – 1445) su primera esposa e hija de Fernando el de Antequera. Debajo de ella aparecen los hijos del matrimonio Enrique (el futuro Enrique IV), Catalina y Leonor. En el lado de la derecha aperece Isabel de Portugal y su prole, don Alfonso e Isabel, la reina Católica. El cuadro familiar aparece completado por fray Vicente quien posiblemente fuese el confesor regio.

Grabado de la crónica de Juan II en la que el rey aparece con su familia

Juan II, caballero, rodeado de su familia. BHSC. Valladolid

Esta interesante y bella xilografía pertenece a la edición de la Crónica impresa en 1517 en Logroño bajo responsabilidad de  Arnao Guillén de Brocar, el impresor más prestigioso de Castilla a comienzos del siglo XVI, como demuestra el titulo de tipógrafo real que le concedió Carlos V (1500 – 1558). El taller de Guillén de Brocar fue el elegido por el cardenal Cisneros (1436 – 1517) para imprimir su monumental Biblia Polyglota, la cual también está presente en nuestra biblioteca en su edición de 1517. Próximamente dedicaremos un post en exclusiva a las obras de este editor tan relevante para el desarrollo de la imprenta en la Península Ibérica.

En este enlace podéis consultar la edición manuscrita de mediados del XVI disponible en la BHSC.

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